...

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Una vida
Llevas sus marcas en
tu piel, labial rojo;
llevas sus ojos en tu mente.

Caminas noche tras noche
en medio de la carretera;
caminas por tus ruinas.

Tus paisajes hechos polvo,
dejó tu casa vacía junto con
tus pinturas y los girasoles en la basura.

Saltaste para ir tras ella,
saltaste para recuperarla;
cariño, ahora estás en el suelo.

Duermes y despiertas con su foto,
abrazas el fantasma que te
lastimó; besas la sombra que te traicionó.

Apagado, abandonado y desdichado,
amor, sé que me quieres, sé que
te quieres; no es solo tu imaginación…

Te perdiste, la perdiste, me perdiste;
vas volando, vas cayendo,
sueños profundos; tiernas pesadillas.

Dolor, traición y pasión;
tus labios y quizás los míos…
Se pierden entre densa niebla.

Dime por qué, sufres de día y
cada noche en su olor mueres;
¿por qué te has encerrado?

Mi precioso condenado,
atado a una rosa con espinas;
respiras hondo y sigues con tus lágrimas.

Ven aquí, ve allá…
Quédate quieto, déjate caer
lentamente; déjate querer.

Abraza, acaricia y suspira;
llevas música adentro,
tócala, tócame, y acabemos con esto.

© Alina Arias