...

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Deshonor idílico
Oh mi sublime damisela, me temo desconocer si esta carta llegará tu puerta
o será detenida por las crueles corbatas que nos provocan esta pena,
me he enterado que te quieren hurtar el albedrío de tu alma
en un matrimonio arreglado cuyo único cortejo es una gran herencia.

Sé que mis manuscritos no brindan la más rica ofrenda,
y que con esta tinta profana solo estoy manchando tu seda,
pero ambos hemos sido susurrados con la añoranza
de que nuestro romance permanezca vivo
sin sucumbir ante las presiones de la amarga conveniencia.

Legado, prestigio, honor y fortuna son algunas de sus razones
pero el amor nunca ha sido una de ellas,
te ruego que no permitas que sus smokings manchados de corrupta opulencia
te embriaguen en vajillas de oro que te hagan olvidar nuestra verdadera riqueza.

Cuando estás sobre mi pecho puedo sentir en tus latidos
que anhelan cabalgar al mismo camino que los míos,
huye conmigo, liberate del corsé y no tortures tus respiros,
te estaré esperando en mi caballo la noche del solsticio,
debajo del árbol donde nuestros cuerpos conocieron el ensueño
y huiremos juntos en libertad,
pues es nuestro destino
ser un deshonor idílico.

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